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  •    Lamentación del bibliófilo cibernauta de habla castellana   

    Me gustan los libros. Además, los necesito para hacer mi trabajo como filósofo, como investigador y como docente universitario. Pero en ocasiones, es difícil encontrar los libros, especialmente si los necesito en castellano.

    En ocasiones, el internet hace realidad su promesa de utopía concreta y me ofrece uno de mis anhelados textos, en un blog, en un foro, en una página de literatura, en una editorial virtual, o en alguno de los demás sitios de intercambio de archivos. En la mayoría de los casos, mi inicial felicidad (“¡Oh, por fin, el texto que tanto busqué!”) se torna oscura exasperación cuando noto que el origen del texto no está debidamente declarado. ¿De qué me puede servir el texto completo de, por ejemplo, la Antígona de Sófocles si no está declarada la edición de la que se tomó el texto ni el nombre del traductor?

    El nombre del traductor es importante porque la traducción puede estar cobijada todavía por sus derechos de autor de una obra derivada. Entonces, puede ser que el texto no sea del dominio público, aunque esté colgado en un sitio de acceso universal. Este problema es, por supuesto, especialmente álgido para el bibliófilo de habla castellana, porque muchas de las traducciones de obras que en su idioma original ya pertenecen al dominio público, siguen protegidas.

    La edición de la cual se tomó el texto es igualmente importante porque sin este dato, el texto no es citable. Y si no es citable no lo puedo usar profesionalmente. Así de simple.

    Entonces, sin el dato de la edición de origen y, en caso dado, del traductor, gran parte del esfuerzo de la persona que, con la mejor intención, digitalizó el texto y lo puso en la red, se perdió. Y eso es una gran lástima, porque tanto el esfuerzo como la pérdida son mayúsculas.

    Entonces, finalizo esta lamentación con una exhortación: Amigos bibliófilos y cibernautas de habla castellana, ¡declarad correctamente los textos que ponéis en la red!

    2 Comments  

    • Lamento ampliamente justificado. La edición de libros electrónicos en español parece estar en pañales. En ocasiones me he preguntado si esto obedece al mero descuido de los bienintencionados digitalizadores o a una fuerte tendencia actual a desmontar el sistema de derechos de autor laboriosamente construido durante la época de la galaxia Gutenberg. Las bellas ediciones digitales que he encontrado de muchos clásicos de la literatura y la filosofía francesa e inglesa me sugieren lo primero, la proliferación en la red de textos que no se pueden citar por falta de referencias me indica lo segundo. Todo esto me suscita legítimas dudas acerca de qué aspectos de la era del libro sobrevivirán en la era de Internet.

      • Estimado Leonardo,

        estoy de acuerdo con el diagnóstico, aunque quizá me atrevería a sugerir un tercer factor, el “artístico”. El trabajo con las ideas así como con sus vehículos (los libros) ha generado ciertas reglas del buen uso; posiblemente la maestría en estas artes esté más avanzada en los ámbitos de la literatura inglesa y francesa.

        Saludos
        Christian

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