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	<title>Artes Liberales &#187; Biografía</title>
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	<description>El blog sobre las humanidades, los libros y las artes que liberan - la lectura, la escritura y el pensamiento crítico</description>
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		<title>Tomás Moro y su respuesta a Lutero</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Mar 2011 11:59:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Schumacher</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Biografía]]></category>
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		<description><![CDATA[La fama eterna de Tomás Moro se debe a un más bien breve libro, la Utopía. Es una lectura obligada para los humanistas y forma parte de muchos cánones, oficiales como inoficiales. De la lectura de la Utopía uno podría deducir que Moro se oponía a la pena de muerte, defendía a los pobres y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- p { margin-bottom: 0.21cm; } -->La fama eterna de Tomás Moro se debe a un más bien breve libro, la <em>Utopía</em>. Es una lectura obligada para los humanistas y forma parte de muchos cánones, oficiales como inoficiales. De la lectura de la <em>Utopía</em> uno podría deducir que Moro se oponía a la pena de muerte, defendía a los pobres y creía que la religión es fuente de armonía social. Pero la <em>Utopía</em> es un libro breve. Mucho más extensos son sus escritos en defensa de lo que consideraba la verdadera religión (la católica). De la lectura de estos textos emerge un Tomás Moro radicalmente diferente. De hecho, algunos de estos escritos le han ganado la no despreciable fama (secreta) de haber escrito el latín más vulgar de la historia de Occidente.</p>
<p><span id="more-126"></span>En los tiempos de Tomás Moro, la iglesia católica estaba pasando por una de sus crisis más profundas. Punto de cristalización de esta crisis fue Martín Lutero, uno de los curas y monjes reformadores que atacaron de frente las prácticas corruptas del papado y la burocracia eclesiástica.</p>
<p>En una ocasión, Lutero le envió una carta al rey Enrique VIII de Inglaterra. La primera respuesta a la carta fue escrita por el mismo rey; una segunda carta de Lutero obtuvo una extensísima respuesta de Moro, entonces consejero real. En la edición contemporánea, la respuesta tiene 350 páginas. Un breve ejemplo es suficiente para captar la dimensión del desastre.</p>
<p style="padding-left: 30px;">“Después de haber obtenido este consejo, Lutero comenzó a recobrar su espíritu que casi había escapado por su parte de atrás. Pero porque vio que necesitaba más que su usual ánimo de pelea – ya que no disponía de ninguna otra arma qué usar en su disputa – les urgió a cada uno de ellos a que corrieran a un lugar en el que podrían rebuscarse la mayor posible cantidad de peleas estúpidas y ataques groseros. Cuando habrían recolectado un costal lleno de esto, se lo deberían llevar inmediatamente a Lutero, porque de estos costales él llenaría su propio fárrago de respuesta.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Entonces cada uno de ellos fue en diferentes direcciones, cada uno al lugar que le sugería su espíritu, y se repartieron entre las carretas, carruajes, botes, baños públicos, prostíbulos, barberías, tabernas, casas de citas, molinos, retretes y griteríos. Ahí, diligentemente observaron y anotaron en sus libretas lo que un cochero habló obscenamente, o un sirviente insolentemente, o un portero lascivamente, o un parásito burlonamente, o una puta licenciosamente, o un proxeneta indecentemente, o un dueño de baños públicos mugrosamente, o un cagador obscenamente. Después de cazar por varios meses, ellos, finalmente, todo lo que habían recolectado de cualquier lado – locuras, peleas, ataques groseros, disipación, obscenidad, mugre, sucio, moco, mierda – todo este desperdicio lo embutieron en la más podrida cloaca que es el pecho de Lutero.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Todo esto lo vomitó, a través de su podrida boca, dentro de su libro maldiciente, como boñiga devorada. De ahí, lector, usted recibe esa acumulada masa de peleas indecentes, que son lo único que llena este libro completamente loco. Cuando él trata de decir algo sobre una cuestión, simplemente remueva este mosaico elaborado de grosería; inmediatamente verá, lector, cómo de poco de sustancia queda de tal gran montón de palabras, y hasta ese poco está corrompido.” [p. 62; mi traducción]</p>
<p>Lo que queda en evidencia es que el texto de Moro es, en efecto, un “mosaico elaborado de grosería”; un desastre argumentativo completo – y se podría decir, también, un desastre humanista. El Tomás Moro de esta diatriba es irreconocible para el lector de la <em>Utopía</em>; pero al mismo tiempo comienza a ser visible quien, como Canciller del Reino, envió a la hoguera a seis herejes cuyo “crimen” consistió en tener biblias traducidas al inglés.</p>
<p>¿Quién era Moro, entonces? ¿Santo letrado o vulgar fanático?</p>
<p>Richard Marius, en su biografía de Moro, expresa el dilema así:</p>
<p style="padding-left: 30px;">“Lo conflictos internos de Moro y su misterio fundamental surgen más oscuramente de lo que sus admiradores modernos quisieran admitir. Las contradicciones son crudas y numerosas y a veces lo convierten en un héroe decepcionante. Él sintió una sensibilidad y repugnancia frente al dolor físico durante toda su vida; sin embargo, con entusiasmo envió a herejes a una muerte entre llamas y después se burló de sus tormentos.” [p. 518; mi traducción]</p>
<p>La biografía de Marius no elude las cuestiones espinosas e incómodas que la vida y las obras de Moro generan; esta es su distintiva cualidad. Las demás biografías que he leído (<a title="Ackroyd - Life of Thomas More" href="http://artesliberales.info/2010/05/16/ackroyd-life-thomas-more/" target="_blank">esta</a> y <a title="Kenny - Thomas More" href="http://artesliberales.info/2010/05/12/anthony-kenny-thomas-more/" target="_blank">esta otra</a>) mencionan el escabroso detalle, pero no se enfrentan con el necesario esmero a la cuestión del fanatismo y la arrogancia en el poder.</p>
<p>Para el lector, entonces, queda una moraleja: así como una golondrina no hace verano, un libro no hace autor – y una <em>Utopía</em> no hace humanista.</p>
<p>Bibliografía:</p>
<p>More, Thomas. <em>Responsio ad Lutherum</em>. En <em>The Yale Edition of the Complete Works of St. Thomas More</em>, vol. 5, part 1. New Haven: Yale University Press, 1969.</p>
<p>Marius, Richard. <em>Thomas More</em>. London: Fount Paperbacks, 1986.</p>
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		<title>Cronopio con melancolía biográfica</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Jan 2011 22:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Schumacher</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[Biografía]]></category>
		<category><![CDATA[Cortázar]]></category>

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		<description><![CDATA[En los pasados doce meses he leído más biografías que en toda mi vida anterior. Y he notado un efecto que me sorprende: las biografías me generan una cierta melancolía. Entre ayer y hoy, por ejemplo, he leído dos biografías de Julio Cortázar y no me siento del todo bien. Julio Cortázar es, creo, mi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- p { margin-bottom: 0.21cm; font-style: italic; } -->En los pasados doce meses he leído más biografías que en toda mi vida anterior. Y he notado un efecto que me sorprende: las biografías me generan una cierta melancolía. Entre ayer y hoy, por ejemplo, he leído dos biografías de Julio Cortázar y no me siento del todo bien.<span id="more-107"></span></p>
<p>Julio Cortázar es, creo, mi primer héroe literario. Me acuerdo que una lluviosa tarde le comenté a mi padre que el profesor de español nos había solicitado que “leyéramos un libro” para realizar alguna tarea futura. Mi padre, sin pensarlo dos veces, me entregó <em>Final del juego</em> y me dijo, mirándome fijamente: “Esto te va a gustar”.</p>
<p><em>Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes.</em></p>
<p>Así comienza el primer cuento, “Continuidad de los parques”, y así me sucedió con Cortázar. Me dejé interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes, y apenas dos páginas y media después me sucedió lo que le debe suceder a todo lector que haya tomado en sus manos alguna colección de sus cuentos: o bien uno descubre que es cronopio (sin saberlo, todavía) o bien uno decide nunca más perder el tiempo con “literatura fantástica” y se convierte en fama; unos pocos vacilantes son esperanzas, algo ingenuas.</p>
<p>De ahí en adelante Cortázar fue mi amigo fiel de la adolescencia, uno de los pocos que realmente entendía lo que me estaba pasando, la sensación de que la realidad siempre estaba más allá, las angustias, las alegrías y los abismos llenos de monstruos y flores marchitas. Me sentí como Oliveira y suspiré por la Maga, me arrancaron el corazón en una guerra de flores, el avión en el que viajaba se estrelló en el Mediterráneo, corté el pollo dominguero de acuerdo con el método Fitzgerald, se tomaron mi casa, quiso tanto a Glenda, busqué axolotles en todos los acuarios, subí escaleras siguiendo instrucciones y me caí de muchas por falta de las instrucciones para volver a bajarlas, me enteré que Theodoro W. Adorno es un gato y que “parece una broma, pero somos inmortales”.</p>
<p>Por eso me tomó tanto de sorpresa la noticia de que Julio Cortázar, enormísimo cronopio, murió el 12 de febrero de 1984.</p>
<p>Para los que leemos libros por lo que son, Cortázar era simplemente “el autor”, alguien que declaramos amigo y del que conocíamos los más íntimos pensamientos, pero del que desconocíamos por completo el color de su camisa, su preferencia en vinos, el lugar exacto de su residencia, el nombre de su esposa (¿Maga?) o la fecha de nacimiento.</p>
<p>Otros escritores no son así; pero para entender a Cortázar era suficiente leer sus libros, porque la realidad <em>sucedía ahí</em>. Y en esa realidad somos inmortales.</p>
<p>De ahí mi melancolía biográfica. En las dos biografías que leí, Julio Florencio (!) Cortázar nació en Bruselas y murió en París. Pero eso no es lo que realmente me interesaba saber, pero igual no me enteré de nada interesante.</p>
<p>La primera, titulado algo pomposamente <em>Julio Cortázar: La biografía</em>, de Mario Goloboff, gravita en torno a la cuestión política y el compromiso socialista de Cortázar. Con esmerado detalle dibuja el tránsito de un Cortázar “pequeño-burgués” a un “abanderado de las causas revolucionarias”; relata minuciosamente y con amplias citas textuales varios de los estériles debates sobre la manera cómo debería escribir el literato latinoamericano y cuál debería ser su compromiso con la realidad, dando por hecho qué se debe entender por este término tan enigmático, “realidad”.</p>
<p>Es verdad que Cortázar apoyó las causas revolucionarias en varios países, en Cuba y en Nicaragua especialmente; también es verdad que fue miembro del Tribunal de Russell II, reunido para esclarecer las violaciones a los derechos humanos cometidas por los regímenes de derecha en América Latina. Es verdad también que se negó durante varios años a viajar a los Estados Unidos de Norteamérica, por considerarlos enemigos de las causas latinoamericanas.</p>
<p>Pero nada de esto permite entender la obra de Cortázar, ni siquiera su <em>Libro de Manuel</em>. En varios ensayos y cartas Cortázar trató de explicar lo que debería haber sido claro desde su obra, pero no fue entendido por los famas de todas las denominaciones políticas que le reprochaban su “falta de realismo”.</p>
<p>El ser humano es multidimensional, y la tarea del literato es iluminar de manera revolucionaria sus diferentes facetas. Para un literato la revolución que le compete profesionalmente sucede en la literatura. Lo demás lo hará en su tiempo libre. Esta distinción entre la vida profesional y la vida privada del literato no ha sido entendida, porque Cortázar parece privado cuando escribe y público cuando se dedica a la política. Pero en realidad es al revés. Y Goloboff está lejos de entenderlo.</p>
<p>La segunda biografía, <em>Julio Cortázar: El otro lado de las cosas</em>, de Miguel Herráez, en este sentido logra reflejar mejor al literato porque le da más espacio a la relación entre Cortázar y su entorno. Está mejor investigada y es mucho más detallada e informativa. Tiene mejores fotografías, lo que en el caso de Cortázar, que amaba la fotografía, no es un detalle insignificante. En esta biografía Cortázar parece esperanza, algo ingenuo. Eso ya es un avance. Pero de nuevo, la distancia entre el literato y el político no es salvada.</p>
<p>De ahí mi melancolía biográfica. Con otras biografías también me ha pasado, por ejemplo con <a title="Swift" href="http://artesliberales.info/tag/swift/" target="_blank">Jonathan Swift</a>, pero también con <a title="Bacon" href="http://artesliberales.info/2010/08/16/tres-vidas-de-francis-bacon/" target="_blank">Francis Bacon</a> o con <a title="Moro" href="http://artesliberales.info/tag/tomas-moro/" target="_blank">Tomás Moro</a>, incluso con <a title="Burguess" href="http://artesliberales.info/2010/06/09/lewis-anthony-burgess/" target="_blank">Anthony Burguess</a> (aunque sólo con las biografías escritos por terceros; su autobiografía es de una sola pieza – pero en dos volúmenes). El autor que había extraído de las obras no se parecía al autor descrito en la biografía. Claro, uno se entera de todos los chismes, pero no por eso entiende mejor. Triste melancolía.</p>
<p>Pareciera que las biografías son herramientas terapéuticas dudosas. Apenas se han leído “el cronopio cae enfermo, le duele por todos lados, de noche no duerme y de día no come”.</p>
<p>Bibliografía:</p>
<p>Cortázar, Julio. <em>Final del juego</em>. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1969.</p>
<p>Cortázar, Julio. <em>Historias de cronopios y de famas</em>. Buenos Aires: Ediciones Minotauro, 1972.</p>
<p>Goloboff, Mario. <em>Julio Cortázar: La biografía</em>. Buenos Aires: Seix Barral, 1998.</p>
<p>Herráez, Miguel. <em>Julio Cortázar: El otro lado de las cosas</em>. Barcelona: Editorial Roncel, 2003.</p>
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		<title>Tres vidas de Francis Bacon</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Aug 2010 19:59:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Schumacher</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Bacon]]></category>
		<category><![CDATA[Biografía]]></category>
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		<description><![CDATA[El último mes estuve revisando tres biografías sobre Francis Bacon, el filósofo, naturalista y político renacentista inglés del siglo XVII. Bacon, cuya fama universal se basa en el Novum Organon o Indicaciones relativas a la interpretación de la naturaleza, de 1620, fue el primer filósofo de la ciencia moderno; es decir, el primero en tratar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm; font-style: italic } -->El último mes estuve revisando tres biografías sobre Francis Bacon, el filósofo, naturalista y político renacentista inglés del siglo XVII. Bacon, cuya fama universal se basa en el <em>Novum Organon o Indicaciones relativas a la interpretación de la naturaleza</em>, de 1620, fue el primer filósofo de la ciencia moderno; es decir, el primero en tratar de reorganizar todo el conocimiento sobre la naturaleza con base en la observación y el experimento. Pero también fue un importante filósofo moral y abogado, cuya carrera pública lo llevó al más alto cargo civil de su época, la Cancillería del Reino. Bacon, entonces, era un hombre renacentista por excelencia, ciudadano del mundo de las ideas como del mundo de las cuestiones prácticas.<span id="more-88"></span></p>
<p>Estas dos caras de la vida de Bacon, sin embargo, reflejan dos estilos de vida diametralmente opuestos. El hombre público vivía una vida de grandes lujos, ostentosa y atiborrada de sirvientes y favorecidos. De esta vida sobrevive amplio testimonio en forma de cartas personales y oficiales, actas de la corte y de los jurados. De la vida filosófica, sin embargo, no hay vestigios más allá de los libros y ensayos y una que otra carta dirigida a personajes de la corte o amigos. ¿Cómo escribía sus libros? ¿Cuándo encontraba el tiempo y la tranquilidad necesaria? ¿Dónde estaba su escritorio y su biblioteca? ¿Con quién comentaba sus inquietudes intelectuales? De estas cuestiones, poco se sabe.</p>
<p>No sorprende entonces que las biografías de Bacon tengan un cierto sesgo político; simplemente, hay más qué contar así. Eso no significa que estas biografías sean deficientes; de ninguna manera, porque la vida de Bacon está bien documentada y sólo hay pocos aspectos que todavía generan controversia (así como su rol en el juicio contra por alta traición contra el Conde de Essex, su anterior amigo y benefactor, y su tardío matrimonio de conveniencia con la adolescente Alice Barnham, del cual no surgieron hijos).</p>
<p>Las dos biografías políticas que revisé son:</p>
<p>Bevan, Bryan. <em>The Real Francis Bacon</em>. London: Centaur Press, 1960.</p>
<p>Bowen, Catherine Drinker. <em>Francis Bacon: The Temper of a Man</em>. London: Hamish Hamilton, 1963.</p>
<p>The Real Francis Bacon entrega lo que promete: una visión vívida, personal y cercana del “verdadero” Bacon, mientras que <em>The Temper of a Man</em> observa al hombre con un poco más de distancia, en búsqueda de su “templanza” y “carácter”. En ambas, el tema de mayor interés, aparte de la vida pública de Bacon y su aporte a la historia de la corte inglesa, es el de la influencia de Bacon sobre la historia de las ideas jurídicas inglesas. Desde joven, el abogado Bacon se había interesado más en los tratados de filosofía jurídica y social que en la aplicación del derecho y los litigios. Su concepto de tiempo estaba dominado por la noción de futuro; su concepto de cambio dominado por la noción de progreso.</p>
<p>En ambas biografías, sin embargo, la vida de científica de Bacon es tratada como anecdótica. Su libros de filosofía natural son mencionados pero aparecen como materia extraña. Surgen de pronto, sin relación aparente con la narrativa sobre su vida pública o privada; importantes por cierto, influenciales sin duda, pero incomprensibles desde la perspectiva del Bacon “visible”.</p>
<p>La biografía que logra crear una imagen más unificada de Bacon es:</p>
<p>Zagorin, Perez. <em>Francis Bacon</em>. Princeton: Princeton University Press, 1998.</p>
<p>Esta visión comprehensiva se refleja en los títulos de los capítulos:</p>
<p>1- Introducción: Las dos vidas de Bacon</p>
<p>2- La filosofía y la reconstrucción del conocimiento: El génesis del proyecto baconiano</p>
<p>3- La Gran Instauración</p>
<p>4- Filosofía humana: Moral y política</p>
<p>5- Lenguaje, ley y política</p>
<p>6- Conclusión</p>
<p>Las anteriores biografías proceden cronológicamente; esta procede ideológicamente. En el prefacio el autor resume de manera breve las más importantes estaciones en la vida de Bacon. Después, se dedica a lo que podría llamar la historia de las principales ideas de Bacon. Esta historia de las ideas es cuidadosa y es más que una exégesis de sus obras; es el intento de poner las ideas en el contexto de la vida personal y de las circunstancias políticas e ideológicas de la época. Como Zagorin dice en las primeras páginas, nunca antes se había hecho el intento de encontrar una narrativa comprehensiva para la vida de Bacon, que reflejara de igual manera sus “dos vidas”. Creo que el intento se ha logrado plenamente; es sin duda alguna un libro muy interesante, sobre un personaje del cual hay mucho qué aprender.</p>
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		<title>Lewis: Anthony Burgess</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Jun 2010 09:10:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Schumacher</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Biografía]]></category>
		<category><![CDATA[Burgess]]></category>

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		<description><![CDATA[Lewis, Roger. Anthony Burgess. London: Faber and Faber, 2002. 434 páginas. Comencé hoy la lectura de mi “biografía introductoria de rigor”, con este libro. Traté de leer el prólogo y el primer capítulo, y después miré furtivamente otros capítulos. Finalmente, cerré el libro y opté por escribir este breve comentario. ¿Qué se puede decir de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm; font-style: italic } -->Lewis, Roger. <em>Anthony Burgess</em>. London: Faber and Faber, 2002. 434 páginas.</p>
<p>Comencé hoy la lectura de mi “biografía introductoria de rigor”, con este libro. Traté de leer el prólogo y el primer capítulo, y después miré furtivamente otros capítulos. Finalmente, cerré el libro y opté por escribir este breve comentario.</p>
<p>¿Qué se puede decir de este libro? Lo primero que se me ocurrió es que se trata de un extenso ejercicio en nombrar personas famosas, libros famosos, ocasiones famosas, etc.,<span id="more-59"></span> para que algo de tanto esplendor se refleje en las propias obras. El prólogo comienza con una noticia sobre los servicios fúnebres para Anthony Burgess, publicado por el Times el 17 de junio de 1994, que contiene una extensa lista de los nombres de las personas ilustres que atendieron.</p>
<p>El resto del prólogo aparentemente está dedicado a un día en la vida del autor que es también (¿coincidencia?) un día en la vida de Anthony Burgess. Son mencionados, en la primera página: Fausto, Professor Richard Ellmann, Goldsmith&#8217;s Chair of English Literature, Lord David Cecil, Hermione Lee, Emory University, Coca-Cola, Oxford, Oscar Wilde, Ezra Pound, el restaurante Randolph, la revista <em>Punch</em>, y Henry James.</p>
<p>En la segunda página aparecen: James Joyce, Wilde (de nuevo), Lord Alfred Douglas, Sir Harold Macmillan, Zuleika Dobson, John Wain, los colegios universitarios St. John, Brasenose y Magdalen, Philip Larkin, Brenda (?), Homero, Milton, Bórges, Anthony Burgess (de nuevo), Bangor, Stoke-on-Trent, Hamish Hamilton, Stephen Fry, Ellmann (de nuevo), Bosie (!), Alan Bates, Jude Law, Lord Alfred Douglas (de nuevo), Gerard Manley Hopkins, Kingsley Amis.</p>
<p>En total, si mis cuentas son correctas, son 35 nombres propios en apenas una página y media, incluyendo dos extensas notas de pie de página – de carácter narrativo.</p>
<p>Pronto, el libro me pareció como un coctel con muchos invitados. Todos son muy importantes y en una aplicación de la falacia de la composición el anfitrión espera que su coctel sea tan importante como sus convidados. Es en vano. Corriendo de aquí para allá, afanosamente presenta unos a otros: “Hola, Oscar, ¿conoces a Gerard?” “Lord Alfred, ¿habías tenido oportunidad de charlar con Anthony?” En una nota de pie aprendemos que, en efecto, Anthony mantuvo un intercambio de cartas con Lord Alfred. ¿Quién puede aguantar eso?</p>
<p>Si le gustan los cocteles literarios y tiene una buena enciclopedia a la mano, es posible que saque algún provecho de este libro. Yo decidí que me iba con mi whisky a otro lado.</p>
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		<title>Ackroyd: The life of Thomas More</title>
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		<pubDate>Sun, 16 May 2010 16:50:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Schumacher</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Biografía]]></category>
		<category><![CDATA[Moro]]></category>

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		<description><![CDATA[Breve reseña de la biografía de Tomás Moro, de Peter Ackroyd.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } -->Ackroyd, Peter. <em>The Life of Thomas More</em>. London: Chatto &amp; Windus, 1998.</p>
<p>Si la biografía de Tomás Moro de <a title="Kenny: Thomas More" href="http://artesliberales.info/2010/05/12/anthony-kenny-thomas-more/" target="_blank">Kenny</a> es breve, esta es extensa: 435 páginas. Sus 33 capítulos, ordenados cronológicamente, describen la vida y las circunstancias de Moro en vívido detalle. Una de las características más interesantes de este libro es su uso constante de citas de escritos de More y de sus contemporáneos, en inglés antiguo. Esto, junto con su estilo ameno, logra crear una imagen realista y cercana de More. Muchos de los títulos de los capítulos son citas; así por ejemplo, el capítulo sobre la controversia entre Martín Lutero y Moro se llama “Yo soy como mierda madura” (<em>I am like ripe shit</em>), célebre frase con la que Lutero se describió en alguna ocasión; el capítulo sobre la ejecución de Moro se llama “El Rey es bondadoso conmigo” (<em>The King is good unto me</em>).<span id="more-56"></span></p>
<p>Por sus propias letras, por los archivos de los cargos públicos ejercidos y por el drama en torno de su muerte y su posterior fama, la vida de Moro está extraordinariamente bien documentada. El uso frecuente de fuentes originales a través de esta biografía crea un efecto de inmediatez muy interesante.</p>
<p>Así, por ejemplo, el capítulo 32 sobre el juicio está escrito como si fuera una transcripción literal de los diálogos en la corte y comienza así (mi traducción): “Sir Thomas More, se le acusa del intento de privar al Rey de su título legal como máxima autoridad de la Iglesia Inglesa, lo que es traición”. Posteriormente reproduce las intervenciones de los diferentes actores del juicio y concluye con la sentencia:</p>
<p>“Sir Thomas More, se le arrastrará a través de la ciudad de Londres hasta Tyburn, donde se le colgará hasta que esté medio muerto. Se le bajará de la soga estando todavía vivo y se le sacarán sus intestinos y se le cortarán sus partes privadas; se le cortará la cabeza y su cuerpo se dividirá en cuatro partes, y su cabeza y su cuerpo se mostrarán en los lugares que el Rey disponga.”</p>
<p>Ciertamente, es una biografía que muestra todos los detalles y que amerita una lectura.</p>
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		<title>Anthony Kenny: Thomas More</title>
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		<pubDate>Wed, 12 May 2010 08:19:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Schumacher</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[Biografía]]></category>
		<category><![CDATA[Moro]]></category>
		<category><![CDATA[Renacimiento]]></category>

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		<description><![CDATA[Una breve reseña de la biografía de Tomás Moro por Anthony Kenny.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } -->Kenny, Anthony. <em>Thomas More</em>. Past Masters. Oxford: Oxford University Press, 1983.</p>
<p>Este es un buen libro. Una de sus principales bondades es su brevedad. En apenas 111 páginas Kenny logra dar una visión panorámica de la vida de Thomas More [Tomás Moro] (1478-1535)<em>, </em>consejero de Enrique VIII, Canciller y autor del primer ensayo utópico, la <em>Utopía. <span id="more-29"></span></em></p>
<p>Los siete capítulos de la biografía están organizados cronológicamente: 1- El joven humanista; 2- El Estado de Utopía; 3- El consejero del rey; 4- El defensor de la fe; 5- Las dificultades del Canciller; 6- “Perder la cabeza sin sufrir daño”; 7- Un hombre para todas las ocasiones. Estos títulos resumen la vida, la muerte y la influencia de More, el quizá más importante hombre renacentista de Inglaterra.</p>
<p>Atrapado entre su lealtad al rey y la obediencia a su conciencia, More finalmente se decide por su conciencia y asume la pena de muerte como consecuencia. ¿Porqué? Esta pregunta todavía no ha sido respondida satisfactoriamente por los estudiosos. El libro de Kenny no le da al lector los elementos suficientes para aventurar una respuesta propia, tal es su brevedad.</p>
<p>En resumen, entonces, este es un buen libro para obtener una confiable visión panorámica de una vida, cuyos motivos sin embargo requieren de un tratamiento más íntimo y detallado. En la última sección del libro, “Sugerencias para lecturas adicionales”, el lector que busque más información encuentra las pistas necesarias para proseguir sus exploraciones.</p>
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